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Historia
Helsinki 1952
Fueron unos Juegos trascendentales en la historia del olimpismo. A pesar de ser los segundos Juegos tras la II Guerra Mundial, a lo largo de toda la competencia sólo se habló de deporte, gracias a la cordialidad entre los competidores de cada nacionalidad.
Helsinki'52 también sirvió para pedirle disculpas públicas a unos de los mejores atletas de todos los tiempos: Paavo Nurmi. Este fondista había sido descalificado en 1932 por presunto profesionalismo, y por eso no pudo correr el maratón de Los Angeles.
En la capital de su país, Nurmi fue el encargado de dar el penúltimo relevo antes de que Hannes Kokehmainen encendiera el pebetero olímpico. El aplauso de los 70.000 aficionados, ante la mirada atónita de los miembros del COI, que desconocían el nombre de los últimos relevistas, fueron conmovedores e inolvidables.
En el plano deportivo, fue el momento cumbre de acaso el mejor fondista de la historia: el checoslovaco Emil Zatopec, ganador en las pruebas de cinco mil y diez mil metros, con records mundiales incluídos. En esos Juegos, la Argentina consiguió su última medalla dorada de su historia, al menos hasta el 2004, gracias a la dupla de remeros compuesta por Capozzo y Guerrero.
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