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Luego de otra fiesta llevada a cabo casi a la perfección estética memorable, Beijing cerró unos Juegos Olímpicos que acabaron exorcizando todos los temores que se habían generado en torno a ellos a puros fuegos artificiales.
Con 91.000 espectadores presentes y miles de atletas sobre el campo del Estadio Nacional (o Nido del Pájaro), el director de cine y coreógrafo Zhang Yimou volvió a dejar boquiabiertos a todos con una clausura llena de luz y brillo.
Los fuegos artificiales abrieron la fiesta dibujando la cuenta atrás, desde el número 29 (por ser Beijing los Juegos de la vigésima novena Olimpiada) hasta el cero, y, como en la inauguración, miles de extras volvieron a tomar el estadio con vistosos trajes.
Después, los deportistas que tuvieron una olimpiada destacada portaron las banderas de cada país y Juan Curuchet tuvo su merecido reconocimiento al portar la enseña Argentina.
Al final de todo, tras la entrega de la bandera olímpica al alcalde de Londres, Boris Johnson, un espectáculo de aires británicos (con autobuses londinenses, paraguas y David Beckham).
Tras este espectacular cierre, China se coronó por primera vez en la historia del Olimpismo como primera potencia deportiva mundial, logrando 51 oros y colocándose muy por delante de los 36 de Estados Unidos, que llevaba dominando los JJOO desde Atlanta 1996. |