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COMO CUIDAR LA PIEL

EL RITUAL INFALIBLE
La clave de una piel radiante es la higiene diaria. Ésta no solamente ayuda a neutralizar la natural secreción oleosa, sino que también combate la aparición de impurezas y de líneas de expresión. En esta nota, los secretos de una rutina tan simple como efectiva.

Maquillaje, sudor, polvo, contaminación ambiental, oleosidad natural del propio rostro y células muertas que se acumulan en la capa córnea por su propio proceso de renovación... Todo este cocktail que atenta contra la belleza se puede combatir con la limpieza diaria. “El hábito de desmaquillarse barre las impurezas y también posibilita que la piel respire y se oxigene. Por eso también cumple una importante función anti-age ya que evita el engrosamiento cutáneo y, como consecuencia, las arrugas y líneas de expresión demoran en instalarse, y la capa cornea queda más permeable y preparada para recibir después los componentes activos de los productos de tratamiento”, explica Cecilia Maggio, cosmiatra de Lidherma.

Los resultados de una “cara sucia” suelen ser irritación y obstrucción de los poros, lo que conlleva a la aparición de puntos negros o espinillas, además de un tono opaco y poco saludable a la vista. Por otra parte, por muy efectivo y lujoso que sea un cosmético, si se aplica sobre una piel sin adecuada higiene jamás logrará producir el resultado buscado.

La realidad es que una buena limpieza es el primer paso para lograr la belleza y luminosidad del rostro, “pero ésta debe convertirse en un hábito de higiene diario para todas las edades, para ambos sexos y sin importar la época del año”, subraya Mariana Boggione, farmacéutica responsable del departamento científico de La Roche Posay. “Las glándulas sebáceas producen una sustancia grasosa llamada sebo, que se vacía en la superficie cutánea a través de los orificios denominados folículos polisebáceos. Muchas veces, este sebo junto con bacterias y células, tapona el orificio de desembocadura de la piel y se van acumulando en los poros formando comedones (llamados comúnmente barritos o puntos negros). Por esto es tan importante mantener la higiene de la piel”, añade Boggione.
Tres puntos sencillos
Según los expertos, la limpieza tradicional consiste en tres pasos: limpiar, tonificar e hidratar. Cuando el rostro está maquillado, lo ideal es separar el primero en dos etapas, a fin de retirar el make up y después pasar a la higiene propiamente dicha. “Es fundamental demaquillar los ojos con un producto especialmente formulado para esa zona, sobre todo si se han usado cosméticos a prueba de agua y también porque el contorno de la cavidad ocular suele ser un área sensible: entonces es preciso utilizar fórmulas testeadas oftalmológicamente”, dice Boggione. Pero además, tanto las sombras como el lápiz labial, la base y el resto del maquillaje contienen pigmentos que es necesario retirar con productos específicos. “Lo mejor es realizar una doble limpieza: una vez quitado el make up hay que repetir el procedimiento y pasar a la verdadera limpieza de la piel, utilizando una crema, una leche o emulsión, o un gel, según el tipo de cutis”, señala Maggio. En el caso de la piel seca, se recomiendan las texturas más untuosas; en pieles mixtas a grasas, fórmulas más ligeras y livianas o geles. En este último caso, el procedimiento consiste en aplicar una parte del gel en el dorso de las manos y mojar antes de esparcir por el rostro previamente humedecido con movimientos circulares, retirando con un buen enjuague. En el caso de la emulsión, luego de aplicar directamente sobre mentón, nariz, pómulos y frente, hay que diseminar la crema por toda la cara y retirar con un papel tissue suavemente. “Es fundamental que al finalizar la limpieza no queden restos del demaquillante porque si esto ocurre, estaríamos provocando el efecto contrario. Por eso, aplicar la loción tónica es un paso obligatorio, ya que ayuda a quitar tanto excedentes como impurezas, y contribuye a cerrar los poros”, apunta Maggio.

Atento a la velocidad de la sociedad actual y la falta de tiempo de las mujeres, el avance de la tecnología científica ofrece una gran variedad de artículos que, por ejemplo, resumen pasos y suma beneficios. Es el caso de las aguas demaquillantes, que actúan demaquillando ojos y rostro por igual, y tonifican. Como complemento, un exfoliante suave o scrub resulta esencial para potenciar el proceso de higiene y afinar las capas de la piel. “Se puede realizar -tanto en el rostro como en el cuello y el escote- una vez por semana o cada diez días; no con más frecuencia porque si sobreestimulamos la capa córnea, la piel se engrosa. Tampoco está indicado para quienes se aplican renovadores celulares (es decir, productos que contienen retinol o alfahidroxiácios)”, comenta Maggio.

Pero la regla de oro es “instalar el hábito de la higiene por la mañana y por la noche, sobre todo en pieles oleosas”, como sugiere Mariana Boggione, quien también recomienda como etapa final hidratar con una emulsión adecuada a cada tipo de piel. Así, la especialista no duda en señalar que es importante vencer el agotamiento nocturno y la modorra matutina en beneficio de la salud de la piel, y su correcto cuidado, y hacer el esfuerzo de incorporar esta rutina al mismo nivel que el hábito de lavarse los dientes.

La justa medida
• Así como limpiarse la cara una o dos veces al día es muy importante, más de esto no es recomendable (a menos que se trate de piel excesivamente grasa o se habite climas tropicales). El riesgo de hacerlo con tanta frecuencia es, en el caso de la piel seca, que se seque aún más; y en el de la grasa que segregue más sebo.
• Los jabones son, en general, alcalinos, y por eso tienden a secar e irritar la piel. En el caso de utilizar algún jabón de tratamiento (como por ejemplo los que se usan para combatir el acné), la clave es que también contengan ingredientes humectantes.
• La crema limpiadora (jabón, gel o loción) debe ser la indicada para cada tipo de cutis. Si la piel tira o se siente tensa y seca luego de la higiene, significa que es hora de cambiar a un producto más suave. Si la sensación es de oleosidad, incluso luego de la limpieza, se debería optar por líneas para piel mixta o grasa.
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Buenas costumbres
• Al lavarse la cara hay que evitar el uso de agua caliente para no romper los capilares. El agua fría cierra los poros y aumenta la circulación, pero demasiado fría tampoco es recomendable porque seca la piel. A evitar los extremos.     
• Antes de comenzar con la aplicación de productos de limpieza, se recomienda asegurarse de tener las manos bien limpias. De lo contrario, se podría estar esparciendo bacterias sobre la cara.
• Los movimientos circulares deben ligeros, nunca se debe estirar la piel ni tratarla bruscamente. Si se sigue la línea de los músculos con desplazamientos suaves se estará masajeando la piel, lo cual es muy bueno para aumentar la circulación.  
• Cada dos meses se debería realizar una limpieza de cutis profesional con extracciones, donde también se emplean mascarillas con ácidos revitalizantes, siempre en proporciones controladas y de acuerdo al tipo de piel de cada mujer, contribuyendo a que el rostro se vea limpio, fresco y terso.
Fuente: revista LUZ