Una gallinita acaba de poner un huevo en una granja. Le da una palmadita en el cascarón y el huevito comienza a llorar. Le llama “Toto”. El cuadro es hermoso… hasta que el granjero le arrebata de las alas al blanquillo y lo manda a la línea de producción.

Toto es empaquetado en los clásicos cartones de 12 huevos, distribuido a los supermercados, comprado por una señora gorda y ahora espera, junto con otros huevitos en una cocina, su cruel destino. Sin embargo, él sabe que su estampa es mucho más grande como para terminar siendo un desayuno cualquiera. Así que, junto con otro blanquillo llamado Willy y un Tocino, hilan un plan para huir de la cocina y encaminarse a una granja de pollos para ser empollados. Su sueño, ser unos fuertes gallos, no unos huevos motuleños.

Escapan escondidos en la lonchera metálica de la niña de la casa, pero en uno de esos pleitos de niños en el camión de escuela, alguien arroja la lonchera por la ventana cayendo en medio de la calle a merced del tráfico. Casi como de película de acción, nuestros amigos escapan de las llantas amenazantes por escasos centímetros. Pero su suerte no ha mejorado. La lonchera cae por una coladera al drenaje de la ciudad, donde un par de tlacuaches hambrientos los ven y deciden cenarlos. Sin embargo, la astucia de los blanquillos es superior a la de los roedores. Escapan de ellos y evitan así romper el preciado cascarón.

La noche los sorprende. Los huevitos, sin rumbo definido, tan sólo con el sueño de encontrar “las granjas el pollón”, se disponen a dormir. Buscan un lugar seguro para reposar y es así como descubren una gran feria. Esas con juegos mecánicos, concursos de globos, tiro al blanco y hot cakes en cada esquina.

El trío de pequeños aventureros se siente atraído por las luces y se interna en el colorido e iluminado escenario. Esquivando algunos pies amenazantes entran ingenuamente en la casa de los reptiles. Para su desgracia, este es territorio de los huevos de reptil: Coco, un huevo verde de cocodrilo, altanero y pandillero; Serp, un huevo de serpiente, cizañoso y manipulador; y Torti, un huevo de tortuga que para decir una frase tarda unas cuantas horas. Los tres comandan una buena pandilla de huevos de reptil y que ahora amenazan con romperles el cascarón a Toto y a Willy por su intromisión. La pelea parece inminente y es de pronto que son rescatados por otros huevos “acróbatas”, Bibi y sus compañeros. Ellos son blanquillos utilizados en malabares, por lo que conocen todo tipo de trucos y piruetas que los libran de la pelea.

Bibi los guiará a través de la feria, evitando juegos mecánicos, cruzando la tienda de los fenómenos, la casa de espantos y disfrazándolos de huevos de confeti para no ser reconocidos por los maleantes huevos de reptil. Willy y Bibi parecen tener una conexión inmediata, amor a primera vista, de esos que flechan la yema. Toto parece molestarse por el romance que los atrasa, simplemente quiere continuar su camino. El grupo se separa: Toto continúa la búsqueda de su sueño y Willy se queda con Bibi. Tocino no sabe con quién irse y prefiere permanecer con la pareja.

Coco es un huevito rencoroso y no olvida la humillación anterior. Logra capturar a la pareja y los amarra a las vías del juego mecánico llamado “el Ratón Loco”. Tocino corre en busca de ayuda. Toto ha salido de la feria y sus ojos se maravillan al ver un camión repartidor de “Granjas el pollón”. Está a punto de subirse en la parte trasera cuando Tocino lo encuentra y le platica del peligro de sus amigos. Toto piensa un poco, esta indeciso, pero al final no puede abandonar a Willy. Así que ve partir al camión y regresa al rescate de su amigo.

La situación es complicada para Toto y Tocino. El Ratón Loco esta por aplastar a sus amigos y los huevos de reptil les impiden el paso. De repente, un grupo de huevos de confeti y demás huevos de la feria aparecen en lo alto de una pequeña colina, casi como si fuera un ejército que llega a la batalla justo en el momento preciso para salvar a los héroes de la derrota. Comienza así, la guerra de los huevos.

En medio del alboroto, Toto y Tocino, ayudados por un par de blanquillos más, logran lanzar una roca que se atora en el riel, descarrilando el carrito justo antes de que Willy y Bibi sean aplastados.

La batalla ha sido todo un éxito para los huevitos de la feria. Han logrado vencer a Coco y a sus huevos de reptiles. Serp resulta ser el verdadero villano, que ha estado manipulando al huevito de cocodrilo; por ello, es expulsado de la feria.

Willy se siente comprometido con Toto por haberlo rescatado y ahora quiere ayudarlo a encontrar las granjas, así que se despide de su amada. Pero el camión aquél que les podría indicar el rumbo correcto se ha perdido ya en el horizonte. Sin embargo, Willy tiene una idea. Se acerca a un pájaro que inocentemente picotea el suelo, toma a Tocino como si fuera una toalla mojada y golpea el ojo del ave, casi noqueando al animal. Willy entonces monta sobre el pájaro y jalándole los párpados lo controla como a un caballo. Toto y Tocino suben al lomo y juntos emprenden el vuelo.

Entre las nubes distinguen al camión que va a las granjas, pero al levantar la vista, ven claramente las “granjas el paraíso”. Toto aterriza lleno de esperanza. Entra al gallinero y en una esquina está su mamá gallina, cansada de deambular de granja en granja, buscando a su huevito. El encuentro es como en las mejores y más cursis telenovelas. Willy se da cuenta que ser pollo no es su destino, sino el de su amigo. Se percata de que extraña a Bibi y su destino es al lado de aquella huevita. Por ello, se despide de su amigo y junto con Tocino regresa al encuentro de su amada hueva.

Días después, en la granja, se han reunido todos los huevos y gallinas en lo que han llamado “el pollo shower”. Todos a la expectativa y de repente, aparece desde el interior del gallinero, Toto, ahora hecho un hermoso y simpático pollo amarillo. Con un simple “pío” saluda y todos explotan en gritos de alegría. Los huevos de confeti, ahora disfrazados de mariachi, empiezan una gran celebración.