El torneo se inició con una de las mejores anécdotas de la historia de los Mundiales. Después de que el Trofeo Jules Rimet fuera robado en Londres, un perro llamado Pickles lo descubrió entre unos arbustos de un jardín, frente a la casa de un barrio del sur de Londres. Otra vez volvió a escena el juego rudo. Portugal, con el genial Eusebio, y una vez más Pelé, fueron víctimas del juego brutal de las defensas.
La selección local, dirigida por Alf Ramsey derrotó a Alemania Occidental por 4-2, en la prórroga de una apasionante final celebrada en Wembley. Fue allí que Geoff Hurst hizo historia con un triplete, y con el gol más controvertido de la historia, ya que al día do hoy se discute si el balón cruzó la línea de meta tras estrellarse contra el travesaño. En Wembley, el capitán, Bobby Moore, condujo a su equipo hasta el palco real para recibir el trofeo de manos de la Reina Isabel II .