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Abreu y Suárez metieron a Uruguay en semifinales
En una definición para el recuerdo, el equipo de Tabárez se impuso al conjunto africano. En los 120 habían igualado en uno y en la última acción Gyan erró un penal.
Uruguay está en semifinales, créalo o no. No lo mereció, sufrió en demasía, pero entre Suárez y Abreu dibujaron un guión insólito, propio de esas situaciones únicas. Porque lo que se vivió en el Soccer City de Johannesburgo en los últimos minutos fue muy difícil de describir.
El delantero del Ajax fue responsable directo del empate final en los 120. Pero no por alguna definición exquisita, como ante Corea, sino porque se disfrazo de Superman y se erigió en el héroe uruguayo. Última pelota del partido, y tras unos rebotes, Appiah define. Suárez despeja con la rodilla sobre la línea y en rebote otra vez Appiah remata. Allí uno de los goleadores uruguayos en el Mundial puso su dos manos ara evitar el gol de Ghana. Penal y expulsión. Iban más de 30 minutos del suplementario. Era la última.
Qué injusto que es el fútbol. Porque si hubo un jugador responsable de que las Estrellas Negras avanzaran hasta cuartos de final fue Asamoah Gyan. Ya había anotado dos tantos de penal. Pero el más importante lo erró; pegó en el travesaño. Final y penales. Muslera hizo lo suyo atajando dos, Maxi Pereira desvío el suyo y la situación fue propicia para una locura más de Abreu.
El máximo goleador histórico de la Celeste, el que le dio la clasificación al Mundial con un gol ante Costa Rica, el mismo que había picado un penal ante Brasil en semifinales de Copa América se animó y la volvió a picar. Hundió su pie debajo de la pelota y dejó que Kingson se arrojara a su derecha; mansamente por el centro se metió un gol que esperó 40 años para festejarse en tierras orientales.
Fue un final de película, una emotiva, para llorar. Antes, durante el desarrollo de los anteriores 119 había sido una de suspenso. Porque Uruguay arrancó mejor, pero sin ser profundo. Forlán está jugando un Mundial gigante, colosal, incluso en una posición que no es la de él. Comienza de enlace y termina como delantero, es el dueño de la pelota parada. Es el dueño del equipo.
Ghana no fue para nada atrevida en el comienzo y por eso parecía que el gol Celeste tenía que caer. Sin embargo, en la gestación había un déficit notable del conjunto de Tabárez. De a poco, los africanos fueron generando peligro en la contra. Vorsah y Boateng podrían haber abierto la cuenta pero por muy poco fallaron. En la última de la primera parte, Muntari disparó fuertísimo. La Jabulani hizo su parte para que el remate del jugador del Inter tomara un efecto extraño que descolocó a Muslera. Cambiaba la historia.
Se podía prever que los espacios sería mayores, que Gyan podría ser una pesadilla, que Uruguay saldría alocadamente. Le facilitó la historia a los Charrúas el soberbio tiro libre de Forlán. Secó, a lo “Cristiano Ronaldo” si se puede hacer esta comparación por estos días. Se lo coló a Kingson por detrás y todo volvió a ser empate.
De allí en más, entre ataques que no prosperaron de los uruguayos, y penales pequeños que no sancionó Benquerenca se fue pasando la segunda parte. Parecía que no sería el partido de Suárez cuando con un puntazo no pudo poner en ventaja a la Celeste. Lodeiro, de aceptable segunda parte, podría haber hecho el tanto del triunfo. Pero no le alcanzó en ese tramo.
Fue todo muy diferente en el alargue. Ghana se creció como ante Estados Unidos y siempre estuvo al borde del 2-1. No por claridad pero sí por actitud. En ese marco llegó la última jugada, la atajada de Suárez, sus llantos que se transformaron en alegría, la locura de Abreu, Uruguay en semifinales.
Por Diego Huerta


